CUENTO
- BASADO EN UN HECHO REAL
Era
un hermoso día soleado, cuando apareció
la perrita en la puerta de nuestra casa.
En realidad no era una perrita, era una auténtica
ruina caminando, casi totalmente pelada, con un olor terrible
y temblorosa en todos sus movimientos, nos miró
con sus ojitos húmedos. Verla y adoptarla fue casi
automático.
Su inserción en la familia empezó con un
buen baño, comida y mucho descanso.
Con el tiempo, ya bautizada “Abril”, se fué
recuperando. La buena alimentación, el descanso
y la tranquilidad la transformaron en un hermosísimo
animal, de reluciente pelaje.
Un día, entró en celo. Mágicamente
aparecieron jaurías de perros de todo tipo y pelaje.
El jardín fue arrasado. No se salvó ninguna
planta. El césped, prácticamente desapareció.
Las puertas de la casa, se vieron marcadas por todo tipo
de garras.
Abril miraba todo el desastre desde su encierro en la
casa.
Recuerdo que un día, al volver a mi hogar, fui
recibido por alrededor de quince perros, que como estaban
en otro problema, no me molestaron.
Una noche, ya tarde, encuentro un lindo y tímido
perrito, sentado en la ventana. Su simpatía y buen
comportamiento, le ganaron un lugar en la familia, y pasó
a llamarse “Chiqui”.
Desde el primer día, empezó a entrar y salir,
“como Pancho por su casa”. A veces, desaparecía
por dos o tres días, preocupándonos, pero
luego entraba lo más campante, como si nada hubiera
pasado, y evidentemente, bien comido.
La repetición de las incursiones caninas, motivadas
por las entradas en celo de Abril, nos decidió
a operarla. No pudo resistirlo. Su último acto,
fue levantarse toda vendada y saludarme. Luego murió
sin una queja. Su última morada, fue una sencilla
tumba en el jardín.
El día que Abril murió, Chiqui quedó
como atontado. Casi no se movió por una semana.
Comía muy poco, y se lo pasaba echado en su cucha.
Al levantarse, caminaba tambaleándose, como costándole
mantener el equilibrio.
A veces salía al jardín, y escarbaba la
tumba de Abril, como queriendo que se levante.
Pero el tiempo todo lo cura, y poco a poco volvió
a mostrar du alegría y desdfachatez.
Pronto retornó a su vida “normal”,
con desapariciones incluídas. No queriendo perderlo,
le pusimos un collar con su nombre, y nuestro teléfono
y dirección.
Casi día por medio, aparecía alguien devolviendo
el “extraviado”.
Pero una vez fue distinto. Se presentó una mujer,
diciendo que Chiqui, era en realidad Topy, y que le pertenecía,
devolviéndonos el collar.
Pasaron un par de días, y la ausencia de Chiqui-Topy
no llegó a notarse mucho, ya que entró muy
contento moviendo la cola.
Una seguidilla de apariciones y devoluciones, hizo que
Chiqui-Topy nos ganara a todos por cansancio. Vino la
mujer, y nos dijo que nos quedáramos con el.
Pero Chiqui-Topy no pensaba lo mismo. El se quedaba los
días que quería, en el lugar que más
le parecía. Al fin y al cabo, esos eran los dos
hogares de Chiqui-Topy.
Dan
Costas.