La
Revolución Unionista de 1868, a causa de la cual
la reina Isabel II se vio forzada a abandonar el poder,
vino precedida de un insistente rumor callejero, en el que
utilizando la muy castiza expresión de la Gorda,
se proclamaba a los cuatro vientos la inevitabilidad de
los acontecimientos.
Es decir, la gente aludía a la Gorda como un hecho
consumado, como una cosa ya hecha: la Gorda ya está
en camino... se va armar la Gorda... hasta que, finalmente,
en septiembre de ese año, verdaderamente, se armó
la Gorda con el pronunciamiento militar del marino Juan
Bautista Topete y Carballo en Cádiz y de Primo de
Rivera en Madrid.
Históricamente, el hecho tomó el ostentoso
nombre de La Gloriosa, pero su duración fue efímera;
no así el castizo alias que el pueblo le adjudicó:
La Gorda, expresión que luego extendió su
uso al lenguaje familiar, cuando alguien quiere referirse
a cierto hecho ruidoso o de mucha trascendencia, o bien
ante una situación de extrema gravedad.
Prof. Esteban Giménez.
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