
Diario
Critica - Nota de LENY GONZALEZ
“Ahora respiro porque me estás hablando”, dice ella en La voz humana de Jean Cocteau, el monólogo de 1930 que resume la desesperación por la llamada del amante esquivo. Esperar al teléfono el encuentro con el otro, deseado, soñado, construido por la música de sus palabras lanzadas al aire en un programa de radio, mantiene todavía la fuerza de un bolero en medio de una crisis romántica. Cuando cunde la soledad, las voces del éter son promesas dichas al oído que continúan vigentes en el dial.
En la época de los contactos virtuales, el chat, los fotologs, Facebook y Messenger, muchas personas siguen confiando en el teléfono y la radio como medios preferidos para superar el aislamiento y para la búsqueda de una pareja. Si el fenómeno dista de ser nuevo, lo interesante es su permanencia ante la competencia de redes sociales en la web. Tal vez gran parte de sus cultores sean sólo un remanente de jurásicos en vías de extinción o de marginados sin pasaporte digital. Pero también, por qué no, la resistencia esté formada por militantes contra el poder colonizador de las novedades tecnológicas, además de seductores seguros de los encantos de sus graves moldeados al whisky.
En 1992, la película de Juan José Jusid Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar abordó el tema con tanta repercusión que poco después, sobre esta idea, la periodista y autora Cecilia Absatz guionó la miniserie televisiva y escribió la novela. “El chateo no es para todo el mundo. Y no sólo por la cuestión de la edad, que es indudable pero no el único factor. Hay gente que no se lleva con lo tecnológico, con las novedades, con la computadora. Y por lo tanto la radio le resulta más amable, más sincera y, también, más barata”, dice la escritora que confiesa “jamás” haber chateado, si bien utiliza constantemente la computadora e internet.
“Por más ‘era de las comunicaciones’ de la que se hable, la gente cada vez está más incomunicada porque las relaciones son impersonales, se perdió la cara, las personas están desconcertadas, no saben cómo insertarse”, manifiesta Dan Costas, el conductor de Charlemos, un ciclo que comenzó en 2001, pasó por Belgrano, Continental, América y ahora se plantó en AM 610, emisora General San Martín, de lunes a viernes de una a dos de la mañana. Para Costas, el mejor currículum es presentar su efectividad en los logros alcanzados: ocho mil parejas formadas, 150 matrimonios, 75 bebés, un choque (de un automovilista-oyente) y, asegura, dos personas salvadas del suicidio que llamaron al programa antes de lanzarse al vacío.
“Me llama gente desde los 12 años hasta los 94, pero la mayoría tiene entre 30 y 60 años. Llaman más las mujeres, aunque también muchos hombres que se enganchan cuando digo que todas después de los treinta están locas”, dice Costas, sin reírse. “Sí, sí, están locas –reafirma– y lo aceptan. ¿Ellos? Un poco menos, pero también”.
–¿Qué quieren las mujeres y los varones?
–Las mujeres, de todas las edades, buscan plata, alguien que las mantenga y les dé todos los gustos. Lo defino como “amor a primer bolsillo”. Te cuento una anécdota: una noche se comunicó un estanciero que dijo tenerlo todo pero que comía solo. En dos días hubo 1.500 llamados femeninos pidiendo su teléfono. “Me gustó la voz”, decían. Seis mujeres se fueron con la valija hecha para vivir con él sin haberlo visto. En el pueblo, en el interior, lo cargaban todos. A los quince días me rogó que no diera más su número, que lo iba a cambiar, que no daba más de atender gente. Entonces lo invité a una de las reuniones que yo organizo pero lo presenté como “Juan Pérez, empleado” y planchó toda la noche.
–¿Y ellos? ¿Buscan mujeres más jóvenes?
–No creas, no necesariamente. Los hombres hablan más de amor. El hombre soporta menos que la mujer el estar solo, se deteriora más. ¿Sabés? Lograr una pareja estable es como sacarse la lotería, igual de fácil.
La popularidad de Costas en el rubro llegó hasta el radioteatro, según cuenta la guionista Mabel Loisi quien –por pedido de Alberto Migré para el ciclo Permiso para imaginar, por Belgrano, en 2004– escribió Esperando a Romeo, un unitario donde una madre le buscaba novio a su hija en Charlemos. “Establecimos una buena relación de trabajo, por lo que lo convoqué a Argentores para el radioteatro Re-solas, donde Costas hizo de él mismo, con la actuación de María Concepción César”, dice la amiga del fallecido Migré y miembro de la entidad.
El programa, además, tiene una extensión que es la convocatoria para reuniones en bares y restaurantes donde se arman “tomadas de café y/o cenas” más opción de baile, con entrada de alrededor de 15 pesos, invitaciones que también se promocionan en la página Charlemos.com. Pero Costas dice que todo lo hace por satisfacción moral y que apenas “pucherea” con esos “yeites”.
OPINIÓN
La ilusión vive en la radio y en la web
Valeria Schapira (Periodista y escritora. Autora de Enredados: Sexo, humor y amor en la web)
Dijo el Señor: “No es bueno que el hombre esté solo”, y las estadísticas se encargaron de refutarlo. El crecimiento de los hogares unipersonales le hace muecas al Génesis y, pese a ello, existen millares de seres que sueñan con comer perdices. De a dos, como deben comerse estos bichos.
Cuando se tiene 20 años, el mundo de la seducción es un juego donde todo se puede y todo vale. Si algo no funciona, que pase el que sigue, porque cuando uno es joven siempre sigue algo. Y pasa un nuevo tren a cada rato. En cambio, la cosa se complica cuando cruzamos la barrera de los 30 y venimos cascoteados como gato de programa de la tarde. Ya no hay un resabio de voluntad para quedarse en vela hasta la madrugada e ir a un boliche a cotejar signos del zodíaco. El “solos y solas” se antoja menos atrayente que copetín en casa mortuoria. A ningún mortal de nuestro entorno le queda “un amigo para presentar”. ¿Será que estamos hechos pelota o que nadie quiere tomar el riesgo? Y ahí aparece la solución mágica, a un clic de mouse. ¿Quién dijo que no hay hombres allá afuera? ¿Quién osó insinuar que no hay mujeres disponibles? Ahí esta la web, para devolvernos la fantasía de dormir en cucharita. Tecleando y cliqueando se puede conocer a alguien aceptable. O al menos, conocer a alguien. Internet es un puente comunicacional y, como tal, bienvenido sea. Horca a aquellos que acusan a la red de redes de promover la incomunicación. Cómo se nota que tienen quien les haga el puchero en casa. “En pareja vinimos y en pareja hay que terminar”, canta el amigo Arjona y explica, en cursi pero no por ello menos efectiva conclusión, por qué en el siglo de la alta definición aín siguen vivitos y coleando los programas de contactos radiales. Radio y web tienen otro punto en común, además de su capacidad de comunicar. Un punto de siete letras: ilusión. Que motiva, despierta y moviliza.
Que saca a hombres y mujeres de su ostracismo y del eterno rumiar las injusticias del universo en materia sentimental. Ilusión de querer y ser queridos, porque de eso se trata la historia. Atrás de un llamado radial o de un mail hay un deseo de encontrar un compañero. Los que hablan del amor líquido se olvidaron que todos soñamos con abrazarnos a una panza caliente para pasar el invierno. |