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La Chapita Con Nombre

Ella hace mucho que lo había pensado. El nombre de la que habría de ser su hija. Desde el momento en que penso en que algún día tendría una hija, tenía elegido ese nombre.
Muchos llegaron a saberlo, pero ella también sabía que solo el hombre elegido, podría llegar a compartir sus deseos.


El tiempo fue pasando, y El no aparecía. El nombre que llevaría su hija, seguía siendo solamente un nombre.
Muchas veces pensó que finalmente su hija nacería y crecería sin conocer nunca a su padre. Por que pasaba el tiempo, y el hombre esperado no aparecía. Si eso continuaba así, tendría que buscar alguien para tener su hija como madre soltera.


Entonces una noche lo conoció. Con mucha desconfianza y algo de esperanza, fue queriéndolo más y más, hasta darse cuenta que era ese, el padre que quería para su hija.
Ese era el hombre con el que quería convivir y tener una familia.
Por parte de él, tenía muestras constantes de similares sentimientos, y empezaron a hacer planes de convivencia.
Un día, mientras paseaban juntos, vieron chapitas con nombres. Sin dudarlo, él entró al comercio, y pidió una con el nombre que sería su hija. Esa chapita, ese pedazo de metal con un nombre escrito, pasó a ser algo importante para los dos. Era una expresión de deseos e ilusiones compartidos.


La chapita con nombre pasó a ser parte de la futura familia
Por decisión de ambos, él guardó la chapita. Casi todos los días, ella le preguntaba si la tenía. Y él le respondía un si sonriente.
Pero no todo era color de rosa. Siempre aparecían terceras personas que criticaban a uno o al otro, celosos de la felicidad de la pareja. Cada cual daba su opinión, basado en sus propias experiencias e intereses personales. Contribuyeron así a crear una nube en el cielo diáfano de su relación. La nube generó una tormenta, y se separaron.
La chapita quedó en poder de él, como un triste recuerdo de una felicidad perdida. Ella, con el pasar de los días, supo que había cometido un error, pero su orgullo, la frenaba a dar el brazo a torcer. La presencia de la chapita, sirvió de nexo para que se reencontraran.
Cautelosamente, se vieron nuevamente. Ambos se veían tristes y mal.

Al principio continuaron las discusiones y enojos, pero se fueron contactando más y más, con el renovado placer de estar juntos.
La chapita con nombre ya tenía razón de ser.

DAN COSTAS.

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DAN COSTAS Conductor de CHARLEMOS