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Dan Costas - CHARLEMOS
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| La
Chapita Con Nombre |
Ella
hace mucho que lo había pensado. El nombre de
la que habría de ser su hija. Desde el momento
en que penso en que algún día tendría
una hija, tenía elegido ese nombre.
Muchos llegaron a saberlo, pero ella también
sabía que solo el hombre elegido, podría
llegar a compartir sus deseos.
El tiempo fue pasando, y El no aparecía. El nombre
que llevaría su hija, seguía siendo solamente
un nombre.
Muchas veces pensó que finalmente su hija nacería
y crecería sin conocer nunca a su padre. Por
que pasaba el tiempo, y el hombre esperado no aparecía.
Si eso continuaba así, tendría que buscar
alguien para tener su hija como madre soltera.
Entonces una noche lo conoció. Con mucha desconfianza
y algo de esperanza, fue queriéndolo más
y más, hasta darse cuenta que era ese, el padre
que quería para su hija.
Ese era el hombre con el que quería convivir
y tener una familia.
Por parte de él, tenía muestras constantes
de similares sentimientos, y empezaron a hacer planes
de convivencia.
Un día, mientras paseaban juntos, vieron chapitas
con nombres. Sin dudarlo, él entró al
comercio, y pidió una con el nombre que sería
su hija. Esa chapita, ese pedazo de metal con un nombre
escrito, pasó a ser algo importante para los
dos. Era una expresión de deseos e ilusiones
compartidos.
La chapita con nombre pasó a ser parte de la
futura familia
Por decisión de ambos, él guardó
la chapita. Casi todos los días, ella le preguntaba
si la tenía. Y él le respondía
un si sonriente.
Pero no todo era color de rosa. Siempre aparecían
terceras personas que criticaban a uno o al otro, celosos
de la felicidad de la pareja. Cada cual daba su opinión,
basado en sus propias experiencias e intereses personales.
Contribuyeron así a crear una nube en el cielo
diáfano de su relación. La nube generó
una tormenta, y se separaron.
La chapita quedó en poder de él, como
un triste recuerdo de una felicidad perdida. Ella, con
el pasar de los días, supo que había cometido
un error, pero su orgullo, la frenaba a dar el brazo
a torcer. La presencia de la chapita, sirvió
de nexo para que se reencontraran.
Cautelosamente, se vieron nuevamente. Ambos se veían
tristes y mal.
Al
principio continuaron las discusiones y enojos, pero
se fueron contactando más y más, con el
renovado placer de estar juntos.
La chapita con nombre ya tenía razón de
ser.
DAN
COSTAS.
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